El encuentro
Ati. La Gran Madre. La Diosa de cuyo vientre este mundo proviene y cuya luz y cuyo calor a todos entrega la vida y en cuyo sueño eterno nos acoge al concluir nuestro tránsito por las tierras que nos hospedan.
Ati. A ella debemos la hierba fresca que acaricia nuestros pies en primavera, el perfume de la estepa al derramar sobre ella las lluvias saciadoras, el dolor bajo los sueños al sabernos inmerecedores de tu bondad insospechada pero a cuyo imposible agradecimiento nos encaminamos.
Y es a ti, Ati, a quien elevamos nuestras esperanzas en el umbral de nuestra madurez: dejamos para siempre atrás la infancia, bajo cuyo abrigo hemos sobrevivido, para abrazar nuestra adultez y poder, por fin, ser ciudadanos de pleno derecho.
Mondo, año 768 de la Era Segunda.
Los aactli se reunían siempre en las Praderas Lunares, formando un impresionante campamento de jóvenes tan bulliciosos como ilusionados, a escasas 25 cuadras de la Ciudad de las Estrellas, Ixitl. Sólo su nombre ya envía escalofríos de admiración por todo el sistema nervioso... Sus bellas construcciones de piedra blanca y su calles adoquinadas trazadas a imagen de la Constelación del Ocelote, sus Templos de alturas insondables y la reverencia con la que parece saludar cada amanecer y despedirse extática en el ocaso, transportan incluso el corazón de la criatura más insensible hasta la presencia de la Gran Madre.
Xocotl no es un reino en sí mismo, no en un sentido tradicional. Sus cinco regiones integrantes constituyen un organismo más fuerte y más capaz que cada una de ellas por separado; no obstante, son autónomas e independientes entre sí: únicamente se hallan unidas bajo la mirada de la Gran Madre y de su Emisaria en carne, la Ati-Atl, nuestra atlina. Ella es la última responsable del Triple Orden Sagrado: Magia, Naturaleza y Sabiduría. Y, como heráldica directa de Ati, es depositaria del respeto más absoluto por parte de todos los xocotli.
Aquella mañana se respiraba entusiasmo e incertidumbre a partes iguales. Comenzaban a despuntar los primeros fríos y, durante cinco días, los aspirantes convivirían al calor de toda una nueva promoción de futuros ciudadanos, un momento cumbre en nuestra vida. Ati y la atlina comenzarían a entregar a esta muchedumbre la confianza que podrían cultivar en ellas mismas para la defensa y salvaguarda de Xocotl. Aunque provenientes de las Cinco Regiones, la mayoría de postulantes tenía sus raíces en Ba'ari, la más extensa de todas y emplazamiento de Ixitl. Las otras cuatro restantes, Ahuii, la de los Hielos Perpetuos, Naur, la de Las Praderas de Turmalina, Aztl, la de Las Aguas Inacabables y Qahua, la de Los Desiertos Imperturbables, presentaban una menor, pero no por ello menos destacada, representación: cada región es igual a los ojos de Ati.
-"Es imposible dormir con todo este follón... esta gentuza no calla ni aun inconsciente. ¡Tres odres de pulque y siguen chillando como hienas!"
-"Como se nota que no estás acostumbrada a las aglomeraciones, Kilsa", masculló Sumara con media sonrisa socarrona. "Pero descuida, que no es necesario que te esfuerces en hacerlo, dentro de tres lunas será el Equinoccio de Otoño y partiremos en maniobras. Volveremos a estar solos sin mayor compañía que nuestra propia respiración".
-"Mondo respira muy fuerte, no sé yo si lo que describes es una perspectiva muy halagüeña... ", dijo Kilsa mirando de reojo al semiorco. Tras un ciclo solar completo conviviendo y dando forma a su aactli, la unidad básica de regimiento de Xocotl, sus cinco integrantes habían comenzado a conocerse meridianamente bien. Y a forjar la que, ya en esos momentos, iba enraizando como una sólida amistad.
Con una risa que más parecía un gruñido, Mondo dio inicio a una carjacada ininterrumpida entre los tres integrantes, en ese momento presentes, de tan heterogéneo grupo. -"¿Habéis visto a Charli? Le perdí la pista tras los lanzamientos de hacha y martillo de la pssada tarde".
-"Probablemente habrá amanecido desorientado junto con el cabeza loca de Gabriel. Esos dos juntos rara vez traman nada bueno; cuando sirven buen pulque pierden toda noción de dignidad y disciplina", contestó Kilsa lacónicamente.
-"Con ellos andaría yo si no tuviera que cuidaros como a chiquillos", replicó Sumara. No terminó de pronunciar la última palabra cuando se entregaron de nuevo a una risa sincera y descontrolada.
*
Y, así, transcurrieron los días de hermanamiento previos a la partida. Su misión consistiría en recolectar unas hierbas sagradas que tan sólo crecen durante la tercera semana tras el Equinoccio de Otoño, en una área muy específica entre el Lago Aguamarina y las Montañas Oscuras, en un rincón donde nunca brilla el Sol y tampoco luce la Luna.
Y hacia allí marcharon, en una travesía que no iba a suponer más de un mes cuando llegaran, dando por finalizada su formación, a la ciudad portuaria de Otloctl.
Sin embargo, a veces, los senderos no conducen por donde se espera...
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